Venezuela tiene cómo salir adelante, pero hay que tomar las decisiones que se necesitan. El objetivo primario sigue siendo la liquidación de la usurpación, es decir, del régimen y la salida inmediata de Maduro y su camarilla destructora.

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Los demócratas debemos entender que el futuro se construye día a día. No se trata de un compromiso de futuro sino de una obligación impuesta por nuestras convicciones y por la dura realidad nacional.

Venezuela está en fase de disolución acelerada, de desmembramiento institucional y territorial, bajo el dominio activo del régimen cubano y la presencia operativa de los peores factores que azotan a la humanidad entera. El narcotráfico, considerado en esta época un instrumento formidable para controlar la vida de muchas naciones mediante las acciones de sus estructuras macro y micro delincuenciales. El terrorismo, no sólo islámico, de la más variada naturaleza. La incapacidad, por ignorancia o falta de experiencia. La corrupción generalizada que toca a casi todos los sectores públicos y a los privados con la excusa de la supervivencia. Todo ello bajo el manto de un socialismo comunistoide fracasado en el mundo entero, pero que pretenden revivir aquí, en Latinoamérica, mediante acciones subversivas a la vista en países hermanos que resisten la sistemática agresión de quienes cumplen las ordenanzas de la pasada reunión del Foro de San Pablo realizada en Caracas.

Objetivo primario son Colombia y Venezuela. Es indispensable una férrea unión de ambas naciones. No para volver al pasado. No. Lo que se impone es la construcción de una nueva y diferente etapa, distinta a todo cuanto hemos vivido.

En el caso venezolano es mucho lo que tenemos que hacer. Entre otras cosas deslastrarnos del pasado. No se trata de reconstruir, de rehacer ni de encontrar en lo que dejó de existir la fuente de lo que necesitan las nuevas generaciones. Debemos eliminar ese “re” limitante de ilusiones e iniciativas indispensables.

La situación ofrece ventajas y peligros. Las primeras derivadas de los disparates insólitos de un régimen que no da para más, porque se le agotó lo que tenía. Lo segundo, por la tendencia de apelar a la represión, a la violencia física e institucional contra la ciudadanía utilizando instrumentos formales y bandas criminales bien armadas, dirigidas desde las cabezas del régimen para imponer el miedo, el temor generalizado en la gente.

Venezuela tiene cómo salir adelante, pero hay que tomar las decisiones que se necesitan. El objetivo primario sigue siendo la liquidación de la usurpación, es decir, del régimen y la salida inmediata de Maduro y su camarilla destructora. Esta es la voluntad mayoritaria del pueblo. Puede constatarse a corto plazo con la Consulta Popular que se ha propuesto y el compromiso de todos, incluida la comunidad internacional, de hacer respetar el resultado. “La voz del pueblo es la voz de Dios”.